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Valentina Sosa

Ansiedad5 min de lectura

Qué está haciendo tu cuerpo cuando aparece la ansiedad

Taquicardia, presión en el pecho, la sensación de que falta el aire. Nada de eso es un desperfecto: es un sistema de alarma haciendo exactamente lo que sabe hacer, solo que en el momento equivocado.

Manos sosteniendo una taza caliente con luz cálida de fondo

Una de las cosas que más asusta de la ansiedad no es lo que se piensa, sino lo que se siente. El corazón que se acelera sin razón aparente, la respiración que se vuelve corta y alta, el estómago cerrado, las manos frías, la sensación clarísima de que algo malo está por pasar aunque uno esté sentado en su cocina un martes a las diez de la mañana. Mucha gente llega a consulta después de haber pasado por una guardia y de que le dijeran que estaba todo bien, con la incomodidad de que le hayan dado un diagnóstico que no explica nada de lo que acaba de vivir.

Una alarma que funciona bien en el momento equivocado

El cuerpo tiene un sistema de respuesta rápida que se activa cuando detecta una amenaza. Cuando ese sistema se enciende, pasan varias cosas al mismo tiempo y ninguna es aleatoria. El corazón bombea más rápido para llevar sangre a los músculos grandes de las piernas y los brazos. La respiración se acelera para meter más oxígeno. La digestión se frena, porque en una emergencia digerir no es prioridad, y eso explica las náuseas y el nudo en el estómago. La sangre se retira de las extremidades más finas, y por eso las manos se enfrían y a veces hormiguean. La visión se estrecha y el foco se cierra sobre lo que parece peligroso.

Todo eso es una preparación para correr o para pelear. Es un mecanismo viejísimo, eficaz y bastante tosco: no distingue entre un peligro físico inmediato y una reunión de trabajo, un examen, una conversación pendiente o un pensamiento sobre algo que podría salir mal dentro de tres meses. Le alcanza con que una parte del cerebro clasifique la situación como amenaza. Y esa clasificación no siempre pasa por la conciencia.

Lo que sentís no es un cuerpo que falla. Es un cuerpo que está haciendo con mucha eficiencia algo que en esta situación no hace falta.

Por qué el consejo de calmarse no funciona

Cuando alguien en medio de una crisis de ansiedad escucha que se calme, lo que suele producirse es lo contrario. Primero, porque la parte del cerebro que está al mando en ese momento no procesa argumentos: procesa señales de seguridad o de peligro. Segundo, porque el pedido agrega una capa de exigencia sobre algo que ya se está viviendo como un fracaso personal. La persona no solo está pasando mal: además siente que debería poder evitarlo y no puede.

Por eso, en el trabajo terapéutico no se empieza por convencer a nadie de que no hay peligro. Se empieza por darle al cuerpo señales concretas de que puede bajar la guardia, y esas señales son físicas antes que verbales.

Lo primero que se puede hacer

La respiración es la vía más directa, porque es la única función de ese sistema que se puede manejar de forma voluntaria. La clave no está en respirar hondo, que suele empeorar las cosas, sino en alargar la exhalación. Inhalar contando hasta cuatro y exhalar contando hasta seis u ocho, durante un par de minutos, le da al organismo información de que la emergencia terminó. No es magia ni relajación new age: es una respuesta fisiológica bastante estudiada.

Lo segundo es volver al presente por la vía de los sentidos. Nombrar en voz baja cinco cosas que se ven, cuatro que se tocan, tres que se escuchan. Suena escolar, pero funciona porque interrumpe el circuito de anticipación, que es el combustible de la ansiedad. Y lo tercero, si se puede, es moverse: caminar unas cuadras completa la acción que el cuerpo estaba preparando y ayuda a que la activación baje sola.

Cuándo conviene consultar

Estas herramientas sirven para atravesar el episodio, no para resolver lo que lo produce. Si la ansiedad aparece cada vez con más frecuencia, si empezaste a evitar lugares o situaciones para no exponerte a que vuelva, si está afectando el sueño de manera sostenida o si convive con un ánimo bajo que no levanta, ahí conviene consultar. No porque haya algo grave, sino porque la ansiedad tiende a organizarse: cada evitación la refuerza y el margen de vida se va achicando sin que uno lo note.

En consulta, el trabajo suele tener dos tiempos. Uno más inmediato, sobre el manejo de los episodios y la recuperación del sueño y del apetito. Otro más lento, sobre lo que ese estado de alerta está señalando: exigencias que se volvieron invisibles, decisiones postergadas, situaciones que se vienen tolerando hace demasiado. La ansiedad rara vez es el problema. Casi siempre es el aviso.

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